
El socialismo bien podría ahorrarse su filosofía perversa y fracasada, porque a Fidel Castro le sobra maldad y desprecio por los seres humanos para seguir ofendiendo la sensibilidad, el sentido común y la decencia de todos los que amamos la paz y la justicia.
Una vez más la bandera cubana tendrá que soportar la humillación de ondear contra sí misma; esa es la razón por la que los símbolos patrios y otras representaciones, otrora prestigiosas, cada vez se respetan menos.
Este manera, obsesiva y absolutamente desvergonzada de los castros, de honrar a toda la carroña miserable que ha deshonrado la especie humana con sus crímenes, es una pálida muestra de la naturaleza perversa y retorcida de esta bestia que engendró la amnistía.
Antes fueron –por sólo mencionar algunos de los más célebres-, Saddam Hussein, Osama Bin Laden, Muammar al Gaddafi y más recientemente Kim Jong – il .
No parece que la evidencia deje mucho lugar para la duda; cada vez que muere un genocida; un celebérrimo narcotraficante; un despiadado tirano totalitario o cualquier celebridad inescrupulosa del crimen, los castros se sienten cada vez más solos, y parece que todo lo les queda del viejo manual de improvisaciones para periodos de crisis son los homenajes suicidas.
(*) Por Ernesto Aquino.
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